
Buenos Aires no duerme en verano. La noche se mueve intermitente al ritmo de milongas, teatros, cenas, cafés y bolíches. Cierta parte de Buenos Aires se disfraza de fiesta para complacer al turista ávido de alcohol y vigilia. Al mejor estilio de "Wild On" en el canal E! entreteinment, todos gritan euforicos con copas en las manos y sonrisas y bronceados perfectos a la voz del fotógrafo. Estoy en el lobby y un tipo con aire extranjero me dice algo en inglés que no entiendo, me muestra el lema de su camiseta que resa: I get to drink in the job. Do you? y le dijo que no y se sorprende por mi acento. Arranca a explicarme en un rápido español porteño -que tampoco le entendía muy bien- que Pub Crawl era una empresa de eventos, que saldríamos de fiesta toda la noche, que conocería gente, iriamos a bares y boliches y que como iba solo me podría ir mejor y acentuó esta última frase con un guiño de ojo señalando hacia el resto de lobby. Me tomé rápidamente una Quilmes de litro para animarme y me fui de tour de bares con un poco de gente que no conocía. Con una sonrisita medio puesta me subí en el bus tratando de parecer afable.



La sonrisa no duró mucho. Hay algo que no se improvisa para ser parte de una fiesta, es esa condición natural para la gracia y la estupides que te permite estar contento sin pedir mucho a cambio y que además le permite a otros también pasar un buen rato con tu presencia. Chistes, devaneos, pequeños pasos de baile esporádicos, gritos y hurras espontáneos, son algunas de las manias que se deben tener para ser parte de la fiesta, por lo menos en su etapa inicial en la que como todo ser viviente (por que la fiesta es un ser viviente, que nace de la nada, se sorprende con la novedad, se envilece con la experiencia, vomita con los excesos y muere en alguna cama) necesita de simples códigos para tratar de establecer algun contacto o relación. Llegamos a un bar, nos reciben con un cokctel de algo verde con ginebra. Odio el sabor de la ginebra, sabe a perfume, a lavanda, a ambientar de autos. La gente toma, rie, y comienza a tratar de entablar conversaciones con sutiles devaneos y bromas sueltas. La fiesta crece con la expectativa y la novedad de lo que esta por pasar, lo que puede venir. Una pareja israelí hablando en inglés me dice que que tal está la fiesta, no entienden mi respuesta y se besan largamente al son del mal pop que suena y me ignoran al ver al fotógrafo pedirles su mejor ángulo. El animador levanta su copa y grita: ¡Pub Crawl! y todos al unísono invocan el augurio de una noche de tragos, rumbas y desenfreno. Un oriental un poco acelerado se sube a la barra y hace un baile que debe evocar el año del perro chino.



En su edad media la fiesta mide un poco más que unas botellas juntas y trata de aliarse con las personas que de una u otra manera sigan su ritmo. Este momento es clave para en realidad haber dicho: estuve en una fiesta y se tiene la licencia para lanzar juicios y sentencias. Al salir de uno de los bares la gente miró atenta al fotográfo y dió su mejor ángulo y gritó para la toma que se supone reflejaría el ambiente y alegría de la noche. Mi ánimo salió a flote con una somera sonrisa que quedó detrás de varios brazos alegres que saltaron ante el flash y que me ocultaron del encuadre. Caminamos hacia el boliche por San Telmo y en el camino los encuentro casuales fueron creciendo con ojos ya un poco desorbitados y blusas de escotes largos que ya no cumplían su escasa función. Por una razón habitual comence a caminar solo y la fiesta se fue alejando para mi, de a poco. Un inglés con su novia trato de hablarme, pero esa noche el idioma fue un total aguafiestas y no pudimos hablar mucho, solo entendía algo que la rubia dijo elogiándome como si fuera una mascota:¡¡¡so cute!!!.


En uno de los bares un mexicano que trabajaba para PubCrawl se me acercó con el ánimo de que comprara la camiseta del evento en la que en una señal de tránsito salía un personaje vomitando con un leyenda que decia: I survive pub crawl, y me dijo que no sabia mucho de Colombia pero que había visto un documental en que en las costas de nuestro pais los niños se iniciaban sexualmente con burras. Yo le pregunté que si en realidad todas las mexicanas tenían bigote... varios gringos se me acercaron y al escuchar de donde eran gritaban ¡cocaine, cocaine!..

Podría decir que pasaron varias cosas, fueron varios los bares y discotecas a las que fuimos y en todas la sesión se repetía: entraban con una euforia desmedida, bailaban desinteresadamente -y puedo decir que con un verdadera falta de talento en la mayoría- se daban romances y caricias aleatoriamente, borrachos impertientes y alevosos, borrachas deshinibidas y sin escrúpulos, alegría desbordada y hasta fingida e irreal, etc... total una buena fiesta...para los otros.
Me cansé de ver divertirse a tanta gente, soy un aburrido, lo sé. Camino de una disco a otra me separé del grupo y me fui caminando al hotel sin saber muy bien donde me encotraba. Salí a la Avenida Pellegrinni y trate de ubicar el Obelisco como brújula, sobre él las primeras luces del día iluminaban Buenos Aires que dejaban ver mi primer amanecer platense. Encendí un cigarrillo y camine sin apuró durante un largo rato. Ahora si empezaba mi fiesta...

El primer link es de Pub Crawl, el segundo es de la galeria de fotografías que demuestran que aunque yo no lo ví la fiesta si estuvo buena.
http://www.pubcrawlba.com/pub/index.php?lang=en
http://picasaweb.google.com/pubcrawlba4/MondayMarch24th09#
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