19.4.09

Bitácoras del Sur -Aguasfuertes porteñas-


Como no hablar de Arlt si uso sus palabras. Como no hablar de Arlt para dejar a un lado lo mucho que se ha dicho de Borges. Como no hablar de Arlt si todos pudimos ser uno de sus personajes: Erdosain desquiciado, Astier que se come el mundo, El astrólogo profeta.
Si, quize ser el Rufian meláncolico.
Pregunte por un lugar imaginario y obtuve respuestas reales. ¿Quien es Arlt? escuhe a menudo, como si un criador de gorilas se hubiese perdido en plena selva. Mi única información: un lugar fijo en un mapa promocional; la localización: incontrable en Buenos Aires.
Muchos lugares se pierden en la obra de Arlt porque el quizo dejar quieta la imagen de una ciudad que no iba a ser la misma al otro día cuando los barcos comenzaban a dejar tanta gente de otros lados. Una ciudad que hablaba en lunfardo que es el idioma de los desterrados y las orillas. Por eso, que se perdiera en una ciudad un parque con el nombre de Arlt era casi igual que si se perdiera un escritor genial en la fauna de la literatura latinoamericana.


No pude encontrarlo facílmente aunque estaba en el mapa. Un cruce de calles no muy común, un lugar en el que se caminaba rápido y se volteaba la mirada. Una calle que pudo tener muchos pasos, pero que ahora solo estaba ahí para unir otras calles. Un vendedor de kiosco -que son guias únicas, mejor que la guia "T"- me dijo, al verme cruzar varias veces, que el había visto un parque al respaldo de aquel edifcio - señalando con una mano llena de humo un edificio de espalda oscura- pero que no había nada que ver a parte de alguna puta, y varios ladrones. -Ve tranquilo, está temprano, y aquí no se roba si no depués de las 3 de la tarde...
Sabía que esos son personajes de Arlt -no esperaba menos- pero me inquietaba la idea de manejar una situación de riesgo tan lejos de casa y recordé el consejo de alguien: si la cosa se pone fea recuerda que eres de una de la ciudades más peligrosas del mundo. Tenia residencia de criminal, aunque tuviera cara de victima.
El parque queda en un edificio o donde quedaba un edificio. Fue ubicado en el espacio del antiguo edificio de Asistencia pública y que al ser reubicado decidieron construir una zona de espacio público tan ausente en las calles del microcentro de Buenos Aires. No está enmarcado por nada, solo cuenta con unas rejas por la calle Rivadavia y otra por Esmeralda. Tuvo su popularidad cuando por algunas excavaciones de mantenimiento encontraron restos óseos que hacian parte del cementerio de una hermandad religiosa que daba amparo a personas pobres en la colonia a mediados del siglo XVIII. Una historia que se repite: antes un cementerio de pobres y desterrados; ahora, un parque desolado e ignorado que daba alojo a marginados.

Cuando Arlt escribía sus aguasfuertes porteñas, caminaba por Boedo pensando en inventos que lo sacaran de pobre y detallaba la vida de la gente de la calle. Miraba a las putas como rosas de cobre eternas y pensaba mientras les arrancaba la ropa que podía crear unas medias que no se rompieran nunca. A Arlt se le debe la literatura urbana en las ciudades latinoamericanas. Fue el primero que pensó que las ciudades no son edificios ni calles amplias, sino escondrijos donde residen lo más humano de nuestras pasiones.
Solo entré y fumé. Miré hacia los lados y no encontré nada atractivo que me hiciera quedarme mucho tiempo. Ya caminando por Corrientes vi el estreno de la obra de teatro basada en la novela del Arlt y me sentí un poco mejor aún sabiendo que las obras de teatro del autor que escribio Los Siete Locos nunca estuverion en el circuito comercial.

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