
He estado lejos de estas letras. Creo que la distancia se debe a que detrás de esta historia se encuentra una despedida. Una vuelta de espalda para dejar atrás un hecho y amontonarlo en el desorden de la memoria. Ese lugar donde con el tiempo se pierde el linde entre lo que sucedió y lo que quisieramos que hubiese sido. Antes de que ese momento llegue a mi, quiero hablar del motivo y también del final del viaje.
Fue una excusa, dos pretextos que se complementaron el uno al otro para decidirme por el viaje. Un deseo que se llenaba de verdad cada vez que veía el cobro a mi tarjeta de crédito por la compra de la boleta para el concierto de Radiohead. Por que aunque parezca casual, el viaje se dió por un error. Las boletas para los conciertos en México, Chile y Brasil se acabaron a los 15 minutos de haber salido a la venta, la notificación de las ventas y los preparativos para cada presentación me llegaban via e-mail por la suscripción a la página de W.A.S.T.E y la de Radiohead que llenaban más la expectativa frente a la tan esperada gira latinoamericana. Es más se abrió una segunda fecha en Chile antes de anunciar la de Buenos Aires. De pronto, un correo avisandome que ya estaban a la venta las entradas se suma a mi curiosidad e inexperiencia de compras on line, un click allí otro allá y de repente una notificación por la compra de la boleta con un pin de seguridad para reclamarla y las instrucciones para asistir al evento. Yo estaba en pijama, sin bañarme, con pocas ganas de iniciar el dia pero con una boleta que muchos ansiaban para ir a ver a la banda inglesa.
Después de la indesición, de los costos, de los pro y los contra, viajé y grité y me dije que cada error tiene algo de cierto. Me dije que sí, que podía contar con algo de Lucky.
Como presagio, como infortunió, como un jardín de senderos que se olvidan en la memoria de unas ruinas circulares, la oficina de Ticket Master quedaba al frente del centro Cultural Borges. Fue mi primera expedición urbana, a tientas, a señas, me fui por las calles de esa ciudad a la que habia llegado a penas 24 horas antes y emprendí la búsqueda de ese error que justificaba mi viaje. Cuando llegué una fila extensa esperaba la venta de la última etapa. Al abrir la oficina la noticia de que ya no habian más entradas. Al reclamar la mia una mirada de odio y resentimiento cubrió al extranjero.
Cuando dijeron que no me permitian ingresar la cámara me reí mucho, y más cuando uno de los de logística me dijo que él me la podia guardar por unos pesos, luego de reirme, insulté mucho, y luego maldije mucho y luego me desesperé mucho, luego de recordar la travesía de llegar hasta ahí con la boleta en mi mano y un recorrido como de tres horas desde el hotel hasta el lugar del concierto por que nadie sabia donde quedaba el maldito lugar, luego de renegar por el valor de la carrera de taxi que se aproximaría al de la cámara, luego de todo esto de respirar con un cigarrillo y ver a la gente ingresar tranquilamente, me acordé de donde era, de las filas en Rock al parque, del manto de ilegalidad que me cubre, de las caletas sofisticadas de todos los narcos, de como guardaba bareta en un marcador, de como ingresaba cigarrillos en los zapatos en los conciertos, de la incomodidad en mi entrepierna por esconder correas, o marihuana, o cigarrillos, me acordé de mi abolengo e ingresé con camara y cigarrillos y una mirada que desafiaba a todo el maldito mundo. Un mal comienzo de augurio.
Sólo pude comparar el afiche de la gira. Siempre he querido una camiseta de la banda inglesa pero no habia mi talla, así que el afiche me pareció una buena forma de mantener un recuerdo. También vendian los discos pero esos se bajan con el permiso de la banda así que no entraba en las cosas por comprar. Busqué un el mejor lugar disponible y me ubique a unos 20 metros del escenario, quedaba realmente cerca y cómodo; faltaban cuatro horas para el concierto.
Después de leer, fumar, escuchar una banda argentina que no recuerdo su nombre pero que me parecio irrelevante, la noche se tomó el escenario y la gente comenzó a agolparse constantemente. Ahí los primeros acordes de Kraftwek y una melodía extrañamente añeja, como las sesación de bana y anacrónica tecnología que sentimos al ver Odisea en el Espacio, o Blane Runner se tomó las bocinas y el escenario. De a pocos la propuesta visual de los alemanes fue copando todos los sentidos y las presentación mereció el aplauso de muchos que ni siquiera sabian muy bien quienes eran estos humanoides que pinchaban discos y utilizaban samples habituales en frecuencias innovadoras. Una gran presentación que colmó de luces, imágenes intermitentes y destellos las retinas de todos los que estábamos ahí.
Luego, el silencio, la oscuridad y la expectativa, la gente comenzó a irse hacia adelante otros hacia atras, un marea genética que nos llevaba de ida y regreso, un oleaje de sudor, de insultos y cuerpos amotonados empujándose sin control. Después una somera clama, un mar de fondo que nos engañaba a todos. Un silencio atronador que avisaba que todo iba a empezar, que después de lo que vendría todo podía a cabarse, irse al garete. Y fue así. Todo se fue a la mierda con el primer acorde, una explosión de sinergia contenida, un big-bang de ueforia y fanatísmo que me lanzo a años luz del escenario, que me atraía con su gravedad de nuevo hacia el frente y volvía a arrojarme despedido hacia la periferia... así la primera canción, así la segunda... tambien la tercera y la cuarta... el infinito del caos, un sueño de paranoia... Radiohead en mi cabeza, el sonido dominaba la marejada, así, aunque me estuviera hundiendo, así, aunque no podía encallar en ninguna costa o reja, los sonidos de la banda llegaban a mi plenos con la esperanza de sobrevivir a ese diluvio. Sonaban perfectos, cada golpe de bateria, cada juego con los teclados, cada falsete de Yorke, cada riff celestial, llegaban a mi mientras me hundia en las olas de sudor y vellos, de calor y camisetas ondeando el aire, de coros de sirena muerta...
La gente grito, saltó, fastidió y terminó por irritarme. Cuando llegué a Buenos Aires, alguién me dijo que las argentinas son muy histéricas, que para ellos es algo así como una mezcla entre escándalosas, arma video y lobas. Y bueno, no puede comprobar todos los componentes -es una lástima tendré que volver- pero sin distinción de género los bonarenses, o por lo menos todos los que estuvieron en el concierto tenian espírtu de barra brava. Gritaron sin descanso toda la noche, saltarón sin parar todas las canciones -hasta las más suaves y depresivas como Videotape, era el colmo- Las graderias de Boca y River se trasladaron a este escenario que era totalmente plano y que hacia que cada salto me alejara o me acercara al escenario sin control de acuerdo a la decisión de esa masa de gritos y fanatismo que a veces -que fue lo que más me molestó- ni siquiera estaban viendo el espectáculo.
Sonaron muchas canciones, me sorprendió e incomodó lo de Creep, poque sentí que pudieron haber tocada otras, pero la gente lo disfruto y más allá se notó que para la banda también era divertido volver a tocar esa canción que para ellos suena tan lejana y que para muchos acá sigue siendo un himno. Quisiera decir que fue el mejor concierto del mundo, quisiera decir que cada acorde llegó a mi con la contundencia de mi admiración por ellos, quisiera decir que el paroxismo y la catarsis llegaron a mi con la entrada de cada canción... quisera decirlo, pero antes que el recuerdo y la memoria me engañen, sé, dijo, que no fue así... Pero a la vez tenía que suceder de esa manera, no podía esperar más de la sensación de desazón y nostalgia que me invade, y que disfruto cada vez que escucho a Radiohead. Para mi la admiración por la musica de esta banda va por esa extraña sensación que me produce entre la depresión y la alegría, como una sausade que viene desde el norte. Por eso si el concierto no fue tan cómodo como lo hubiese querido, no se desmintió la sensación que esperaba de él, que me reafirmara que en grabación, en video, o en concierto esta banda seguirá siendo una de las razones por las cuales considero a la música un elemento tan importante en mi vida.
El viaje de un sonido que me define.
Cuando llegue al aeropuero de Ezeiza entradas las primeras horas de la madrugada, me senté a mirar las fotografías que había tomado para hacer un pequeño balance. Del concierto casualmente tomé muy pocas y ninguna quedó ligeramente apreciable, acomodé en mi maleta un afiche totalmente arrugado, roto y maltrecho por el sudor y los empujones que me queda como souvenir de esa experiencia. Miré los sitios por donde habia pasado, las cosas que sentí, la alegria y la nostalgia de haber estado solo en esa tierra que admiraba a la distancia a través de sus letras.
Miré cada una y ví que a parezco en muy pocas, que la falta de vanidad puede hacer que no tenga como comprobar que estuve ahí y que lo viví. Pero para eso son las bitácoras, para dejar en claro que aunque no se sabe muy bien que se hizo, si el viaje valió la pena o no, existió su recorrido, se dió una ruta y unos itinerarios, los pasos recorrieron ciertos caminos que dejan al viajante hecho otro. Cuando miré las fotos el sol del sur despuntaba para despedirse.
Ahora si, ya es un recuerdo, que comenzaré a cambiar cada vez que tenga que traerlo de nuevo a mi presente.












