domingo, octubre 18, 2009

Bitácoras del Sur -Como un androide paranoico- Final del Viaje-


He estado lejos de estas letras. Creo que la distancia se debe a que detrás de esta historia se encuentra una despedida. Una vuelta de espalda para dejar atrás un hecho y amontonarlo en el desorden de la memoria. Ese lugar donde con el tiempo se pierde el linde entre lo que sucedió y lo que quisieramos que hubiese sido. Antes de que ese momento llegue a mi, quiero hablar del motivo y también del final del viaje.

Fue una excusa, dos pretextos que se complementaron el uno al otro para decidirme por el viaje. Un deseo que se llenaba de verdad cada vez que veía el cobro a mi tarjeta de crédito por la compra de la boleta para el concierto de Radiohead. Por que aunque parezca casual, el viaje se dió por un error. Las boletas para los conciertos en México, Chile y Brasil se acabaron a los 15 minutos de haber salido a la venta, la notificación de las ventas y los preparativos para cada presentación me llegaban via e-mail por la suscripción a la página de W.A.S.T.E y la de Radiohead que llenaban más la expectativa frente a la tan esperada gira latinoamericana. Es más se abrió una segunda fecha en Chile antes de anunciar la de Buenos Aires. De pronto, un correo avisandome que ya estaban a la venta las entradas se suma a mi curiosidad e inexperiencia de compras on line, un click allí otro allá y de repente una notificación por la compra de la boleta con un pin de seguridad para reclamarla y las instrucciones para asistir al evento. Yo estaba en pijama, sin bañarme, con pocas ganas de iniciar el dia pero con una boleta que muchos ansiaban para ir a ver a la banda inglesa.
Después de la indesición, de los costos, de los pro y los contra, viajé y grité y me dije que cada error tiene algo de cierto. Me dije que sí, que podía contar con algo de Lucky.



Como presagio, como infortunió, como un jardín de senderos que se olvidan en la memoria de unas ruinas circulares, la oficina de Ticket Master quedaba al frente del centro Cultural Borges. Fue mi primera expedición urbana, a tientas, a señas, me fui por las calles de esa ciudad a la que habia llegado a penas 24 horas antes y emprendí la búsqueda de ese error que justificaba mi viaje. Cuando llegué una fila extensa esperaba la venta de la última etapa. Al abrir la oficina la noticia de que ya no habian más entradas. Al reclamar la mia una mirada de odio y resentimiento cubrió al extranjero.

Cuando dijeron que no me permitian ingresar la cámara me reí mucho, y más cuando uno de los de logística me dijo que él me la podia guardar por unos pesos, luego de reirme, insulté mucho, y luego maldije mucho y luego me desesperé mucho, luego de recordar la travesía de llegar hasta ahí con la boleta en mi mano y un recorrido como de tres horas desde el hotel hasta el lugar del concierto por que nadie sabia donde quedaba el maldito lugar, luego de renegar por el valor de la carrera de taxi que se aproximaría al de la cámara, luego de todo esto de respirar con un cigarrillo y ver a la gente ingresar tranquilamente, me acordé de donde era, de las filas en Rock al parque, del manto de ilegalidad que me cubre, de las caletas sofisticadas de todos los narcos, de como guardaba bareta en un marcador, de como ingresaba cigarrillos en los zapatos en los conciertos, de la incomodidad en mi entrepierna por esconder correas, o marihuana, o cigarrillos, me acordé de mi abolengo e ingresé con camara y cigarrillos y una mirada que desafiaba a todo el maldito mundo. Un mal comienzo de augurio.

Sólo pude comparar el afiche de la gira. Siempre he querido una camiseta de la banda inglesa pero no habia mi talla, así que el afiche me pareció una buena forma de mantener un recuerdo. También vendian los discos pero esos se bajan con el permiso de la banda así que no entraba en las cosas por comprar. Busqué un el mejor lugar disponible y me ubique a unos 20 metros del escenario, quedaba realmente cerca y cómodo; faltaban cuatro horas para el concierto.
Después de leer, fumar, escuchar una banda argentina que no recuerdo su nombre pero que me parecio irrelevante, la noche se tomó el escenario y la gente comenzó a agolparse constantemente. Ahí los primeros acordes de Kraftwek y una melodía extrañamente añeja, como las sesación de bana y anacrónica tecnología que sentimos al ver Odisea en el Espacio, o Blane Runner se tomó las bocinas y el escenario. De a pocos la propuesta visual de los alemanes fue copando todos los sentidos y las presentación mereció el aplauso de muchos que ni siquiera sabian muy bien quienes eran estos humanoides que pinchaban discos y utilizaban samples habituales en frecuencias innovadoras. Una gran presentación que colmó de luces, imágenes intermitentes y destellos las retinas de todos los que estábamos ahí.





Luego, el silencio, la oscuridad y la expectativa, la gente comenzó a irse hacia adelante otros hacia atras, un marea genética que nos llevaba de ida y regreso, un oleaje de sudor, de insultos y cuerpos amotonados empujándose sin control. Después una somera clama, un mar de fondo que nos engañaba a todos. Un silencio atronador que avisaba que todo iba a empezar, que después de lo que vendría todo podía a cabarse, irse al garete. Y fue así. Todo se fue a la mierda con el primer acorde, una explosión de sinergia contenida, un big-bang de ueforia y fanatísmo que me lanzo a años luz del escenario, que me atraía con su gravedad de nuevo hacia el frente y volvía a arrojarme despedido hacia la periferia... así la primera canción, así la segunda... tambien la tercera y la cuarta... el infinito del caos, un sueño de paranoia... Radiohead en mi cabeza, el sonido dominaba la marejada, así, aunque me estuviera hundiendo, así, aunque no podía encallar en ninguna costa o reja, los sonidos de la banda llegaban a mi plenos con la esperanza de sobrevivir a ese diluvio. Sonaban perfectos, cada golpe de bateria, cada juego con los teclados, cada falsete de Yorke, cada riff celestial, llegaban a mi mientras me hundia en las olas de sudor y vellos, de calor y camisetas ondeando el aire, de coros de sirena muerta...

La gente grito, saltó, fastidió y terminó por irritarme. Cuando llegué a Buenos Aires, alguién me dijo que las argentinas son muy histéricas, que para ellos es algo así como una mezcla entre escándalosas, arma video y lobas. Y bueno, no puede comprobar todos los componentes -es una lástima tendré que volver- pero sin distinción de género los bonarenses, o por lo menos todos los que estuvieron en el concierto tenian espírtu de barra brava. Gritaron sin descanso toda la noche, saltarón sin parar todas las canciones -hasta las más suaves y depresivas como Videotape, era el colmo- Las graderias de Boca y River se trasladaron a este escenario que era totalmente plano y que hacia que cada salto me alejara o me acercara al escenario sin control de acuerdo a la decisión de esa masa de gritos y fanatismo que a veces -que fue lo que más me molestó- ni siquiera estaban viendo el espectáculo.

Sonaron muchas canciones, me sorprendió e incomodó lo de Creep, poque sentí que pudieron haber tocada otras, pero la gente lo disfruto y más allá se notó que para la banda también era divertido volver a tocar esa canción que para ellos suena tan lejana y que para muchos acá sigue siendo un himno. Quisiera decir que fue el mejor concierto del mundo, quisiera decir que cada acorde llegó a mi con la contundencia de mi admiración por ellos, quisiera decir que el paroxismo y la catarsis llegaron a mi con la entrada de cada canción... quisera decirlo, pero antes que el recuerdo y la memoria me engañen, sé, dijo, que no fue así... Pero a la vez tenía que suceder de esa manera, no podía esperar más de la sensación de desazón y nostalgia que me invade, y que disfruto cada vez que escucho a Radiohead. Para mi la admiración por la musica de esta banda va por esa extraña sensación que me produce entre la depresión y la alegría, como una sausade que viene desde el norte. Por eso si el concierto no fue tan cómodo como lo hubiese querido, no se desmintió la sensación que esperaba de él, que me reafirmara que en grabación, en video, o en concierto esta banda seguirá siendo una de las razones por las cuales considero a la música un elemento tan importante en mi vida.
El viaje de un sonido que me define.




Cuando llegue al aeropuero de Ezeiza entradas las primeras horas de la madrugada, me senté a mirar las fotografías que había tomado para hacer un pequeño balance. Del concierto casualmente tomé muy pocas y ninguna quedó ligeramente apreciable, acomodé en mi maleta un afiche totalmente arrugado, roto y maltrecho por el sudor y los empujones que me queda como souvenir de esa experiencia. Miré los sitios por donde habia pasado, las cosas que sentí, la alegria y la nostalgia de haber estado solo en esa tierra que admiraba a la distancia a través de sus letras.
Miré cada una y ví que a parezco en muy pocas, que la falta de vanidad puede hacer que no tenga como comprobar que estuve ahí y que lo viví. Pero para eso son las bitácoras, para dejar en claro que aunque no se sabe muy bien que se hizo, si el viaje valió la pena o no, existió su recorrido, se dió una ruta y unos itinerarios, los pasos recorrieron ciertos caminos que dejan al viajante hecho otro. Cuando miré las fotos el sol del sur despuntaba para despedirse.




Ahora si, ya es un recuerdo, que comenzaré a cambiar cada vez que tenga que traerlo de nuevo a mi presente.

lunes, agosto 10, 2009

Bitácoras del Sur -No aceptamos malos comentarios acerca de Maradona y Se prohíbe escupir en el suelo (Boca y el Tortoni) -Simulacro-



Fue en un mismo día. Gracias a esa guia de la casualidad en la que se volvió Carolina -y de la que sigo estándo muy agradecido, aunque no sepa de su presente- estuve en dos sitios a los que no habría llegado por mis propios pasos.




En Boca roban, Boca es denso, Boca es el Buenos Aires de arrabal y del sur, del puñal y la astucia, de la delincuencia juvenil, de la ley inconclusa. Boca es más latinoamerica que refugio de inmigrantes. Boca es el aleph de este continente. Boca es Sao PAblo, Boca es Caracas, Boca es el D.F, Boca es Bogotá. La artesania y el ladrón, el tango y la violencia, conviven en un barrio que se abre a los turistas en Caminito y la Bombonera y se cierra en la Costanera y los puertos olvidados de los rufianes de turno. Insistí pero no teníamos licencia para ir hasta esa zona, así que me conforme con el colorido de vecindades llenas de harapos artificiales y de artístas menores con cuadros de souvenirs. Caminito es igual de grande a las postales, una farsa turística que existe más por un recuerdo que vende que por una costumbre que se necesita. Poco del Buenos Aires que se vé en la representación es el que realmente existe. Un simulacro de sí mismos para una memoria que no quiere olvidarse de algo que ya no se es.





Saliendo de allí se escuchó el vitoreo -que despues odiaré- de los cánticos de las barras arengado a los once de la tribu. Retumbar de tambores, tropetas e insultos se abrian por las calles del barrio. Poco a poco el estruendo aumentaba anunciando el eterno clásico, el partido de turno. Al doblar una esquina cualquiera, de la nada, aparece la Bombonera incrustada a las malas en la escenografía del barrio. Un edificio amarillo y azul que se alza de repente. Los gritos y los cantos seguian, las calles vacias y la ausencia de camisetas me confudieron: era viernes y el partido y las barras eran una grabación de alta fidelidad de los sonidos naturales de este ecosistema. Como la opera de las ballenas, o los sonidos del agua-mantra-zen, el estertor natural de la Bombonera se vende digitalizado para aquellos que necesitan una orbe de fanáticos como ruido blanco para su insomnio. Otro simulacro de una pasión que se volvió artículo turístico.

Maña de exiliado adrede, es buscar un poco de eso de si que se dejó atrás, y claro, las estrellas de Cordoba, Bermudes y Serna fueron las que casualmente encontré con facilidad en la acera del estadio. El museo de Boca Juniors demuestra que no toda pasión es fingida, que un exiliado corre y aprende a querer una tierra ajena como propia. Que un color se alza sobre la nacionalidad y que un himno se grita con todo la entrega necesaria para crear un mercadeo digno de admiración y ejemplo. Boca Juniors es un equipo, es una pasión ciega, pera también es una marca, es un símbolo y una alegoria. Por eso alrededor de él se pueden encontrar sinceridades y anhelos y lucro y ambiciones. Las copas, las camisetas de todas las épocas, las historias de jugadores que se vuelven héroes de paso, son una forma de mantener un mito que se hace cierto en las canchas y en las cajas del museo con un recorrido por algo más de veinte mil pesos. El museo lleva como misión hacer que todo aquel que reconozca el mundo Boca crea que es el único que existe y que el lenguaje Boca, diga cuanta Boca debe haber en un alma-Boca y que se vuelve el único Bocablo de un idioma más mediático y real que el lunfardo de otrora. El Boca y la Bombonera real, estaban separadas de mi por un reja que no me dejó tocarla y que hacia que ese mundo fuera tan admirable como inalcanzable.




Después de caminar toda la tarde por la costanera de mostrar: Puerto Madero, después de encontrarme a Fangio con su Mercedes de bronce escondido en el centro de una alameda solitaria, como si al haberlo ganado todo la velocidad de su bólido, después de tanto tiempo, fuera una estática carrera, llegamos a un lugar por donde ya había pasado en la mañana anterior pero la formalidad del esmoquín del portero me habia repelido. Ahora más de cerca, este café se convertía en uno más de esos lugares donde el espíritu bonarense se regodea de una herencia que los hizo famosos pero que también ya suena añeja.






El Tortoni se aferra a sus ya pasados cien años como un emblema de un tango que ahora se ve refinado pero que en algun momento fue peligroso y ruin. Donde a pesar de unas esculturas de Gardel, en el fondo se escuhase a Santaolalla y su banda. El exceso de madera hace pensar que en algún momento esa barra fue birlada por maleantes que saltaron a golpes las copas y de paso tocaron a algunas de las meseras. Ahora es un cuadro quieto de postal donde todo reluce con un exceso de laca y cristal. El Café Tortoni es un lugar preciso para sentir la dualidad del tiempo, un recuerdo no vivido y un presente falso, fingido. Pido un recomendado de helado de canela. Vale cada bocado, su recuerdo se queda en mi por todo el viaje. Entre pasillos iluminados enmarcados en espejos, una sala reservado para el show central de tango donde los trajes de noche, las lentejuelas y los mocasines desfilan ante el acomodador con cara de Capone, yo paso hacia una sala exclusiva para fumadores donde en virinas empotradas se guardan fragmentos de la historia del café y de Buenos Aires. Objetos de publicidad que dejan con el paso del tiempo y su inutilidad, la idea de que ahora este café solo sirve para adornar una ciudad. Afuera de la sala unos maniquis de Borges y Gardel en gesto eterno lanzan una última mirada a ese Buenos Aires que ya no existe.




Al salir del Tortoni me deje convencer por una jalador de calle para que asistiera a una milonga show por un mínimo precio y todo incluido. Sentí que era justo que terminara ese día de reminisencias con un: sentimiento triste que se baila, como diría Sabato, así que decidí adentrarme en una calle oscura cerca a Florida. Me imaginaba el baile lento, el sombrero inclinado, la abertura de un traje en un pierna esbelta. Me imagine un copa de vino y un cigarro alrededor de una música parsimoniosa con sentencias letales. El jalador insistía con necesidad y gracia y me empujó a un local con un puerta enorme de cristal. Adentro dos mujeres desnudas se me abalanzaron fieramente. Yo solo veia sus enormes quijadas y narices y recordaba una frase del taxista que me llevó del aeropuerto al hotel: en Buenos Aires todas las putas son extranjeras, paraguayas en su mayoría. Una imagen perfecta para cerrar un día de una ciudad que se envilece y engaña con sus recuerdos.

jueves, julio 30, 2009

Bitácoras del Sur -MALBA le la pena-


Sin haber dado muchos pasos adelante se siente que ya no hay vanguardias. Sin entender muy bien ningún trazo la obra de arte no necesita escuelas ni rigores de critico. Llegué al MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) a tientas, casi por abstracción. Un enorme semáforo multifoco se eregía a la entrada y una fila somera anunciaba que ese día el ingreso era gratis. Reconocí pocos artistas, sus obras no generan en mi mucho impacto: ignoro el sufrimiento un poco desmesurado de Frida, me da igual la sensación de origen de Jacanamijoy -creo que es la primer vez que escribo su nombre- desconfió de la obesidad de Botero. Estas obras están allí en exposición permanente y se alzan como totems de un estética inconclusa.

Ahora el más desarticulado avance de las artes en latinoamerica parece fundirse entre los siempre avales de galerias arribistas o de performances cargados de sensaciones exageradas. Allí en el MALBA parecía que algunas nuevas propuestas se ganaban un espacio en la pared por tratar de valerse por si misma sin la venia de una firma o un cocktel fingido. No recuerdo sus nombres pero quedan en mi memoria tres obras que llegaron sin mucho requerimiento ni prejuicio a mi goce estético.

Una serie de cuadros enmarcados en vidrio blindado mostraban fotografías del artísta en su encuentro furioso con disparon hechos a quema ropa. Las marcas de calibre 38 se incrustaba en el vidrio dándole sentido al movimiento frenético fijado en el obturador. Un sueño de poderse disparar a uno mismo sin entrar en la reflexión suicida. Era un atentado onanista, una vendetta personal contra si mismo.


Una malla multiforme unida por nodos móviles que en constante dispersión creaban múltiples formas. La versión material de los diseños de los túneles de gusano o de homero en 3d. Ubicada sobre el techo de uno de los pasillos, su presencia solo era descubierta por el visitante al ver a otros tantos mirándo fijamente hacia arriba. La malla se movía lentamente creando diversas formas y envolviendo con su magnetísmo a todos los presentes. Al verla sentía toda la frustación de las cientos de planchas de dibujo técnico que nunca pude hacer.

Ya cansado del recorrido por las salas, decidí sentarme en una silla ubicada en uno de los pasillo. Las personas pasaban y me miraban como parte de alguna instalación aunque mi imágen no llegaba ni arte callejero. Al tratar de entender noté que la silla en la que estaba se extendía por el pasillo hasta descolgarse por los balcones por todos los pisos del edificio. Las líneas de madera que la conformaban se perdían en su extensión y se enredaban como lianas de una selva pérdida e inexistente en esa ciudad llena de edificos viejos.



Después de varias advertencias, el servicio de seguirdad me instó a retirarme del museo por estar tomando fotografías con mi celular. El arte no cambia porque se haga un mueso solo para nosotros.

domingo, julio 05, 2009

Bitácoras del Sur -Pub Crawl y el arte de arruinar una fiesta-


Buenos Aires no duerme en verano. La noche se mueve intermitente al ritmo de milongas, teatros, cenas, cafés y bolíches. Cierta parte de Buenos Aires se disfraza de fiesta para complacer al turista ávido de alcohol y vigilia. Al mejor estilio de "Wild On" en el canal E! entreteinment, todos gritan euforicos con copas en las manos y sonrisas y bronceados perfectos a la voz del fotógrafo. Estoy en el lobby y un tipo con aire extranjero me dice algo en inglés que no entiendo, me muestra el lema de su camiseta que resa: I get to drink in the job. Do you? y le dijo que no y se sorprende por mi acento. Arranca a explicarme en un rápido español porteño -que tampoco le entendía muy bien- que Pub Crawl era una empresa de eventos, que saldríamos de fiesta toda la noche, que conocería gente, iriamos a bares y boliches y que como iba solo me podría ir mejor y acentuó esta última frase con un guiño de ojo señalando hacia el resto de lobby. Me tomé rápidamente una Quilmes de litro para animarme y me fui de tour de bares con un poco de gente que no conocía. Con una sonrisita medio puesta me subí en el bus tratando de parecer afable.



La sonrisa no duró mucho. Hay algo que no se improvisa para ser parte de una fiesta, es esa condición natural para la gracia y la estupides que te permite estar contento sin pedir mucho a cambio y que además le permite a otros también pasar un buen rato con tu presencia. Chistes, devaneos, pequeños pasos de baile esporádicos, gritos y hurras espontáneos, son algunas de las manias que se deben tener para ser parte de la fiesta, por lo menos en su etapa inicial en la que como todo ser viviente (por que la fiesta es un ser viviente, que nace de la nada, se sorprende con la novedad, se envilece con la experiencia, vomita con los excesos y muere en alguna cama) necesita de simples códigos para tratar de establecer algun contacto o relación. Llegamos a un bar, nos reciben con un cokctel de algo verde con ginebra. Odio el sabor de la ginebra, sabe a perfume, a lavanda, a ambientar de autos. La gente toma, rie, y comienza a tratar de entablar conversaciones con sutiles devaneos y bromas sueltas. La fiesta crece con la expectativa y la novedad de lo que esta por pasar, lo que puede venir. Una pareja israelí hablando en inglés me dice que que tal está la fiesta, no entienden mi respuesta y se besan largamente al son del mal pop que suena y me ignoran al ver al fotógrafo pedirles su mejor ángulo. El animador levanta su copa y grita: ¡Pub Crawl! y todos al unísono invocan el augurio de una noche de tragos, rumbas y desenfreno. Un oriental un poco acelerado se sube a la barra y hace un baile que debe evocar el año del perro chino.





En su edad media la fiesta mide un poco más que unas botellas juntas y trata de aliarse con las personas que de una u otra manera sigan su ritmo. Este momento es clave para en realidad haber dicho: estuve en una fiesta y se tiene la licencia para lanzar juicios y sentencias. Al salir de uno de los bares la gente miró atenta al fotográfo y dió su mejor ángulo y gritó para la toma que se supone reflejaría el ambiente y alegría de la noche. Mi ánimo salió a flote con una somera sonrisa que quedó detrás de varios brazos alegres que saltaron ante el flash y que me ocultaron del encuadre. Caminamos hacia el boliche por San Telmo y en el camino los encuentro casuales fueron creciendo con ojos ya un poco desorbitados y blusas de escotes largos que ya no cumplían su escasa función. Por una razón habitual comence a caminar solo y la fiesta se fue alejando para mi, de a poco. Un inglés con su novia trato de hablarme, pero esa noche el idioma fue un total aguafiestas y no pudimos hablar mucho, solo entendía algo que la rubia dijo elogiándome como si fuera una mascota:¡¡¡so cute!!!.





En uno de los bares un mexicano que trabajaba para PubCrawl se me acercó con el ánimo de que comprara la camiseta del evento en la que en una señal de tránsito salía un personaje vomitando con un leyenda que decia: I survive pub crawl, y me dijo que no sabia mucho de Colombia pero que había visto un documental en que en las costas de nuestro pais los niños se iniciaban sexualmente con burras. Yo le pregunté que si en realidad todas las mexicanas tenían bigote... varios gringos se me acercaron y al escuchar de donde eran gritaban ¡cocaine, cocaine!..



Podría decir que pasaron varias cosas, fueron varios los bares y discotecas a las que fuimos y en todas la sesión se repetía: entraban con una euforia desmedida, bailaban desinteresadamente -y puedo decir que con un verdadera falta de talento en la mayoría- se daban romances y caricias aleatoriamente, borrachos impertientes y alevosos, borrachas deshinibidas y sin escrúpulos, alegría desbordada y hasta fingida e irreal, etc... total una buena fiesta...para los otros.

Me cansé de ver divertirse a tanta gente, soy un aburrido, lo sé. Camino de una disco a otra me separé del grupo y me fui caminando al hotel sin saber muy bien donde me encotraba. Salí a la Avenida Pellegrinni y trate de ubicar el Obelisco como brújula, sobre él las primeras luces del día iluminaban Buenos Aires que dejaban ver mi primer amanecer platense. Encendí un cigarrillo y camine sin apuró durante un largo rato. Ahora si empezaba mi fiesta...






El primer link es de Pub Crawl, el segundo es de la galeria de fotografías que demuestran que aunque yo no lo ví la fiesta si estuvo buena.

http://www.pubcrawlba.com/pub/index.php?lang=en

http://picasaweb.google.com/pubcrawlba4/MondayMarch24th09#

martes, junio 02, 2009

Bitácoras del Sur -ANSud y el fantasma de Rodolfo Wash-


No hablé mucho. No sabía bien que decir o porque estaba allí. Un intento afable de saludo con beso en la mejilla por un tipo con pelo desorganizado y cara de jet lag forzado y contínuo, me dio la bienvenida a una reunión a la que no había sido invitado en una ciudad a la que tampoco le importaba mucho que estuviera ahí. Aún con el gesto cordial seguía con esa sensación de indiferencia porteña que me acompañó en todo el viaje y que me alejó un poco de poder saber más de esa ciudad y su gente. Al ver mi quite, el tipo lanzó una risa honesta y me dijo: -vos no sos de aquí, y mi acento indeterminado confirmo el gesto. -entonces a tu manera... y me dio la mano firme con actitud casi marcial. Carolina -que fue mi guía y bastión de cordura después de que tanto silencio me estaba volviendo más huraño y desconfiado al no poder hablar más de dos frases con nadie, y a la que le debo una infinita disculpa por mi ingratitud después del viaje- aclaró el porqué de mi presencia y me dio el rotulo con el que creo quede en la memoria a corto plazo de los que estaban allí reunidos: fui el amigo colombiano turista el resto de la noche. Esa noche el equipo de Ansud trataba de formalizar su paso de agencia a cooperativa tratando de aclarar un eterno laberinto legal repetible en cualquier lugar del mundo.


ANsud es el espíritu rebelde que siempre he tenido presente de la Argentina histórica e idealista. Ansud es el gesto admirable de independencia y justicia que escucho detrás de muchos de los grandes autores argentinos. ANsud es la manera en que sentí que las ideas de aquellos que fueron borrados y silenciados tantas veces, son las ideas que siempre han estado en muchos argentinos durante siempre. Detrás de Ansur, casi sosteniéndolo, percibí el fantasma de Rodolfo Walsh.



La reunión fue dándose con un poco de protocolo, con algunos chistes de contexto que no entendí muy bien y mucho de actualidad social y política que entendí menos, pero que me dejó ver como para ellos la indiferencia frente a su tiempo e historia es un camino desconocido, una palabra inexistente, una categoría obsoleta. Todo importaba, desde la marcha sindical agraria, hasta la escena teatral no comercial, desde los falsos positivos que nosotros ignorámos, hasta mi inofensiva y cándida visita. Todo era visto con detalle miope, acercándose a cada arista del tema dando un verdadero sentido al duo objetividad-periodismo que lastimosamente nosotros no manejamos tan bien.

Unas empanadas con aceitunas a las que me acostumbre por su precio más que por su sabor, amenizaron la conversación en la que todos contáron un poco de sí, de sus proyectos y ganas de apoyar a esta agencia independiente de noticias. No recuerdo su nombre pero un tipo joven, con el cabello un poco revuelto y una polo a rayas, con tono sereno y concreto moderaba la reunión, llevando cada comentario hábilmente al motivo del porqué estaban ahí y el espíritu de la Agencia. Su seguridad que se trasmitía en todos los participantes, sacaba o llamaba a la reunión -casi como medium- el espíritu de ese periodísmo que no quiere sino la verdad como forma de reinvidicación, ese ideal de justicia e información que Walsh dejó en todo lo que escribió hasta que lo callaron a las malas.

ANsud es la voz de Walsh que se resiste a callarse.


http://www.ansud.com/

miércoles, mayo 20, 2009

Bitácoras del Sur -Eloisa Cartonera-


Fui a Buenos Aires por libros. Me hicieron encargos, prometí ir a las librerias de Corrientes, a los mercados de usado, a las librerias Hernández y Santa Fé. Pensaba en Ediciones de Sudamericana, Austral, Planeta Sur, y otras rarezas que no llegan sino a los extremos censores de este continente. Junto con el D.F, Buenos Aires tiene fama de ser el estante lleno que todo lector anhela; una biblioteca tropical de Babilonia.

Un lector arma sus rutas, esconde sus hallazgos y dá falsas pistas de los lugares donde alguna promoción lo ponen como un Indiana Jones de los libros: saca de su bolso un título admirable a un precio irrisorio. No encontré mucho. La verdad sentí el mismo olor - y precio- a saldo que recorro cada tanto en Bogotá por mis delares de promoción. Casualmente, encontré, gracias al olor y al colorido de las portadas, unos libros que salvaron la idea de Metropolí editorial que se venia a menos ya al finalizar el viaje. Unos libros que parecen no serlo. Un juego de libros que parecen manchas y que podrían -por su aspecto- no tomarse en serio. De lejos parecen rezágos de prueba para la mezcla de colores en un pinturería de barrio. De cerca, Piglia, Aira, Lamborgini, Caicedo y 100 autores más nos dicen que que esas manchas valen la pena.


Eloisa es un proyecto editorial. Eloisa es un nombre que cumple con el sueño de que toda la cultura circule libremente. Eloisa es una versión paisa de Jorge Herralde pero que no cobra tanto por su derechos. A dos cuadras de la Bombonera, Eloisa la Cartonera publica a los autores que creen en su proyecto y a los que el juez del copyright no les asusta tanto. Se ceden los derechos y ya; ahora, que en la lista de la colección se encuentren nombres de actuales y reconocidos escritores de culto de toda latinoamerica, da cuenta que no es solo una idea de publicar, si no de mover en otras esferas -como la de las balineras de los carros que recojen el cartón para las portadas- la liteatura de este continente. Y aunque el proyecto nace porque a sus fundadores se le metió una idea medio hippie y la desazón de un amor olvidado -de ahí el nombre de Eloisa- o porque la siempre crisis económica que los afecto movilizó este impulso (cuantas ideas por esto tendrían que salir de nuestra eterna siempre soslayable crisis), Eloisa Cartonera es la forma pura de la literatura; un desarraigo de la obra para que por encima de toda condición de publicación, sea leida en un formato que recuerde que fuiste libro y libro serás.
Un libro que se hace literatura desde su misma forma.


Una imprenta de medio pliego corría ligera las copias del nuevo libro, un olor a maté dulzón recorrio los estántes coloridos de los libros a la venta. Una mujer gorda me armaba en un largo suspiro, el libro que quería llevar. Cortó hábilmente el pedazo de cartón -dándome a elegir entre uno de atúnes rojo y amarillo y otro de margarinas, de azules y blancos- sacó unos pinceles y acuarelas y marcó en rápidos trazos el nombre de Aira y la novela que de seguro escribió en algún café toda una tarde, a lo sumo dos. Salí con la idea de querer ver en algun momento mi nombre ahí.

http://www.eloisacartonera.com.ar/

domingo, abril 19, 2009

Bitácoras del Sur -Aguasfuertes porteñas-


Como no hablar de Arlt si uso sus palabras. Como no hablar de Arlt para dejar a un lado lo mucho que se ha dicho de Borges. Como no hablar de Arlt si todos pudimos ser uno de sus personajes: Erdosain desquiciado, Astier que se come el mundo, El astrólogo profeta.
Si, quize ser el Rufian meláncolico.
Pregunte por un lugar imaginario y obtuve respuestas reales. ¿Quien es Arlt? escuhe a menudo, como si un criador de gorilas se hubiese perdido en plena selva. Mi única información: un lugar fijo en un mapa promocional; la localización: incontrable en Buenos Aires.
Muchos lugares se pierden en la obra de Arlt porque el quizo dejar quieta la imagen de una ciudad que no iba a ser la misma al otro día cuando los barcos comenzaban a dejar tanta gente de otros lados. Una ciudad que hablaba en lunfardo que es el idioma de los desterrados y las orillas. Por eso, que se perdiera en una ciudad un parque con el nombre de Arlt era casi igual que si se perdiera un escritor genial en la fauna de la literatura latinoamericana.


No pude encontrarlo facílmente aunque estaba en el mapa. Un cruce de calles no muy común, un lugar en el que se caminaba rápido y se volteaba la mirada. Una calle que pudo tener muchos pasos, pero que ahora solo estaba ahí para unir otras calles. Un vendedor de kiosco -que son guias únicas, mejor que la guia "T"- me dijo, al verme cruzar varias veces, que el había visto un parque al respaldo de aquel edifcio - señalando con una mano llena de humo un edificio de espalda oscura- pero que no había nada que ver a parte de alguna puta, y varios ladrones. -Ve tranquilo, está temprano, y aquí no se roba si no depués de las 3 de la tarde...
Sabía que esos son personajes de Arlt -no esperaba menos- pero me inquietaba la idea de manejar una situación de riesgo tan lejos de casa y recordé el consejo de alguien: si la cosa se pone fea recuerda que eres de una de la ciudades más peligrosas del mundo. Tenia residencia de criminal, aunque tuviera cara de victima.
El parque queda en un edificio o donde quedaba un edificio. Fue ubicado en el espacio del antiguo edificio de Asistencia pública y que al ser reubicado decidieron construir una zona de espacio público tan ausente en las calles del microcentro de Buenos Aires. No está enmarcado por nada, solo cuenta con unas rejas por la calle Rivadavia y otra por Esmeralda. Tuvo su popularidad cuando por algunas excavaciones de mantenimiento encontraron restos óseos que hacian parte del cementerio de una hermandad religiosa que daba amparo a personas pobres en la colonia a mediados del siglo XVIII. Una historia que se repite: antes un cementerio de pobres y desterrados; ahora, un parque desolado e ignorado que daba alojo a marginados.

Cuando Arlt escribía sus aguasfuertes porteñas, caminaba por Boedo pensando en inventos que lo sacaran de pobre y detallaba la vida de la gente de la calle. Miraba a las putas como rosas de cobre eternas y pensaba mientras les arrancaba la ropa que podía crear unas medias que no se rompieran nunca. A Arlt se le debe la literatura urbana en las ciudades latinoamericanas. Fue el primero que pensó que las ciudades no son edificios ni calles amplias, sino escondrijos donde residen lo más humano de nuestras pasiones.
Solo entré y fumé. Miré hacia los lados y no encontré nada atractivo que me hiciera quedarme mucho tiempo. Ya caminando por Corrientes vi el estreno de la obra de teatro basada en la novela del Arlt y me sentí un poco mejor aún sabiendo que las obras de teatro del autor que escribio Los Siete Locos nunca estuverion en el circuito comercial.

Bitácoras del Sur -Buenos Aires-




Con esta entrada empiezo un poco de crónica de viaje; bitácoras de un capitán ciego y sin tripulación, periplos torpes adrede.